martes, 28 de agosto de 2007

Greenpeace. ayudar aca

Recibí esta pagina. click aca y anotensen para esta ley
que resulta interesante.http://www.greenpeace.org.ar/cyberacciones/bosques.html

domingo, 26 de agosto de 2007

texto/filosofia robada (gracias chapulin por las lineas)

"haga de su timidez una bolita,
como si fuera un moco, juegue
con ella entre sus yemas y
peguela abajo de una mesa...
"

viernes, 24 de agosto de 2007

ESE, QUE TIENE MI CARA (el principio en el final)

E`lo del pincipio pero re escrito, trato de hacerlo con la misma onda con que el original fue escrito dejandole la musica original y sacando algunos firuletes del violin que no iban al caso.
gracias por criticar esto.
-------------------------------------------------

ESE, QUE TIENE MI CARA

Fue un sueño imperceptible, una loción suave que pasó por su mente que dejó a Tertuliano Maximo Afonso con los ojos abiertos y acariciado por un sudor frío en mitad de esa noche 3am.
Nunca supo de qué ser abominable-y tal vez demasiado conocido- era la sombra del cuerpo partícipe de su sueño. Se le confundían las frases enmarañadas que balbuceaba entre sus dientes de sombra, frente al fuego, en esa casa tan parecida a la suya.


---

La noche se sumía en una profundidad de silencio negro, las cortinas no se movían por ninguna brisa maligna y no había sombras de árboles símiles de monstruos fantásticos en la ventana.
La silueta deslucida de un cuerpo entró como si fuese su casa, no se molestó en preguntarse donde estaba la llave de luz, lo sabía y no la usó. La luz quedó apagada. Desde afuera se percibe su soltura al moverse entre las sillas, los manteles de leche, la ventana geométricamente perfecta. Se movía libremente y no lo sorprendía la luz que traspasaba la ventana desde las calles movedizas, no lo asustaban los reflejos ni las sombras que parecían haber estado allí desde tiempos infinitos, estancadas en el fósil de la noche, como esperando que alguien les tomase una foto.
Tiritando, el cuerpo oscuro se sacó la campera mientras extraía de su bolsillo una caja de cigarrillos a medio vaciar; prendió uno con los fósforos de la cocina. La chispa y el fuego que se desprenden del fósforo durante un instante iluminan las muecas de su cara.
Por un segundo o menos Tertuliano Màximo Afonso tuvo tiempo de reconocer la cara vedada, pero por alguna razón no lo recordó al despertar.
La imagen perdió su flash, sus dedos iluminados, el flaco resplandor esclareciente. La caja perdió un fósforo, la otra un cigarrillo.
Antes de hacer lo que ha venido a hacer, el cuerpo de negra superfiecie pierde su atención y mira a la ventana; aprecia sus ruidos lejanos y sordos, mira la luminosidad móvil que cargan los coches que pasan por la autopista. Apoya ahora sus codos en la mesada de hielo y siente el frío que sube hasta sus dedos, soporta esa tortura y queda expectante mirando hacia la calle.
En esta posición el vidrio de la ventana reflejaba su rostro toda vez que una luz daba de lleno en su cara; y cada vez que esto sucedía la facie oculta sonreía sabiendo bien que el reflejo era la imagen especular de su propio rostro y no la de aquel rostro, el otro, su clon, ese rostro que duerme ahora del otro lado de la habitación. Pero no se detiene con esto último y presta solo atención a la imagen que dibuja sobre la ventana la luz de su cigarrillo.
Hubo un instante en que una bomba de vacío derritió todo el aire, absorbió todas sus sombras y solo dejó un hilo de humo estacionado en la imagen espesa de esa habitación. Junto con el aire desapareció el último camión de la calle dejando su luz en la ventana y regalándole así el último reflejo en ella que horas mas tarde la policía no vería.
Se volvió de espaldas y planeó concluir su plan.
Fue cuando tomo esta decisión que el cuerpo sombrío sintió calor; sentía que el pulóver lo abrigaba más de lo normal, lo hizo transpirar, lo agarraba con sus dedos de lana sucia, lo aprisionaba contra su ego, lo reducía de a poco a cenizas; la sombra forcejeó un tiempo y terminó por despojarse del abrigo dejándolo tirado en el suelo, como otra de las tantas cosas inmóviles de la cocina.
El arma que llevaba en su cintura quedó desnuda pues ya no la tapaba esa muda de ropa; se la sentía mas fría que de costumbre, la miró como si no supiese que estaba allí, la sintió pesada, la sintió incomoda, la reconoció ajena.
Pero la decisión estaba tomada. Vio la puerta cerrada que daba al cuarto y caminó avasallante hacia ella con sus hombros tumultuosos, con su sombra ancha sobre el piso y tomó el picaporte y antes de girarlo preparó el arma. Se dispuso a abrir la puerta; la abría despacio reconociendo el mueble con sus perfumes, la caída blanca de la cortina entreabierta, el reflejo de la ventana por detrás de los pies de la cama y sin saber por qué razón apuró el paso y de un solo tranco terminó de abrir la puerta. Rápidamente apuntó su arma mientras reconocía la cama del sujeto que debería estar acostado y vio a Tertuliano Maximo Afonso sentado, estático, duro, con los ojos abiertos y un sudor frío bañándole la cara en la mitad de esa noche, mientras el reloj verde marcaba las 3am. Disparó y lo mató. La policía no movió el cuerpo hasta una hora después del estruendo.
El asesino sin dar ni un respiro mas dentro de la habitación; balbuceando entre dientes frases incomprensibles se encontraba sentado junto al calor y la anacrónica luz del fuego de la chimenea, en el comedor de la casa, junto a la habitación, a metros del hombre que tenía su misma cara y un balazo en la frente.

ESE, QUE TIENE MI CARA


Este cuento, fue mi primer cuento. A los dias de hoy me he dado cuenta, personalmente o por medio de otros, los varios errores de todo tipo que tenía, sin embargo me animarè a presentarlo primero asi como fue escrito. Hagan el favor de no criticar esto, pues ya he recibido todas las crìticas sobre el mismo.

Critiquen si su modificacion mas moderna que postearè en la brevedad.

------------------

ESE, QUE TIENE MI CARA

Fue un sueño imperceptible, una loción suave que pasó por su mente que lo dejó con los ojos abiertos y acariciado por un sudor frío en mitad de esa noche 3am.
Nunca supo de qué ser abominable o demasiado conocido era la sombra del cuerpo partícipe de su sueño. Se le confundían las frases enmarañadas que balbuceaba entre sus dientes de sombra, en frente del fuego, en esa casa tan parecida a la suya.

---

El silencio de la noche era profundo, como las sombras que ven los ciegos, las cortinas no se movían por ninguna brisa maligna y no había sombras de árboles símiles de monstruos fantásticos en la ventana.
Una sombra entró como si fuese su casa, no se molestó en preguntarse donde estaba la llave de luz, lo sabía y no la usó. La luz quedó apagada. Desde afuera se percibe su soltura al moverse entre las sillas, los manteles de leche, la ventana geométricamente perfecta. No lo sorprendía la luz que traspasaba la ventana desde las calles movedizas, no lo asustaba los reflejos ni las sombras que parecían haber estado allí desde tiempos infinitos, estancadas en el fósil de la noche, como esperando que alguien les tome una foto.
Tiritando (¿de frío, de nervios?) se sacó la campera mientras extraía de su bolsillo la caja de cigarrillos a medio vaciar. Prendió uno con los fósforos de la cocina; por casi nada la foto fue tomada, el flash se vio salir e iluminar las muecas de su cara.
Por un segundo o tanto menos Tertuliano Màximo Afonso tuvo tiempo de reconocer la cara vedada (pero por alguna razón no lo recordó al despertar).
La imagen perdió su flash, sus dedos iluminados, el flaco resplandor esclareciente y la caja perdió un fósforo, la otra un cigarrillo.
Como si los ruidos fueran cuestión de armonía, las luces un conjunto de luciérnagas multicolores, apoyó sus codos en la mesada de hielo, sintió el frío que subía hasta sus dedos, soportó la tortura y quedo expectante mirando hacia la calle.
Cada tanto y dependiendo del paso de las luces podía verse reflejado en el vidrio, la vanidad no descansa nunca, él sonreía cada vez que el espejo le mostraba la imagen que podía ser él y alguna otra persona. De tanto en tanto percibió la humilde oscuridad de su cara, la luz roja ceniza que iba de y volvía a su boca; dibujó con un dedo el cálculo matemático para predecir ese movimiento y concluyó en que toda esa realidad no pasa del momento y que ninguna ciencia podría abarcarlo.
Hubo un instante en que una bomba de vacío derritió todo el aire, absorbió todas sus sombras y solo dejó un hilo de humo estacionado en lo infinito que tiene el espacio. Junto con el aire desapareció el último camión de la calle dejando su luz en la ventana, regalándole el último reflejo en ella que la policía no vería luego.
Se volvió de espaldas y planeó concluir su plan, de ahora en mas las cosas cambiarán.
El pullover lo abrigó más de lo normal, lo hizo transpirar, lo agarró con sus dedos de lana sucia, la aprisionó contra su ego, lo redujo de a poco a cenizas; la sombra forcejeó un tiempo y terminó por despojarse del swetter, el que quedó tirado en el suelo, como otra de las tantas cosas inmóviles de la cocina. Un segundo después volvió el aire.
El arma quedó desnuda, mas fría que de costumbre, ya no la tapaba esa muda de ropa; la miró como si no supiese que estaba allí, la sintió pesada, la sintió incomoda, la reconoció ajena. Pero la decisión estaba tomada. Vio la puerta cerrada que daba al cuarto y caminó avasallante hacia ella y mientras lo hacia reojeaba su sombra movediza causa y efecto de los algunos coches fugaces.
Tomó el picaporte con la derecha pero lo soltó inmediatamente porque la voz de alguna conciencia le recomendó preparar el arma primero. Lo hizo. Se dispuso a abrir la puerta nuevamente, la abrió despacio reconociendo el mueble con sus perfumes, la caída blanca de la cortina entreabierta, el reflejo de la ventana por detrás de los pies de la cama y sin saber por qué razón apuró el paso y de un solo tranco abrió la puerta. Rápidamente apuntó su arma mientras reconocía la cama del sujeto que debería estar acostado y vio a Tertuliano Maximo Afonso sentado, estático, duro, con los ojos abiertos y un sudor frío bañándole la cara en la mitad de esa noche, mientras el reloj verde marcaba las 3am. Disparó y lo mató.
No movieron el cuerpo hasta una hora después del estruendo. El asesino ni un respiro mas dentro de la habitación; balbuceando entre dientes frases incomprensibles se encontraba sentado junto al calor y la anacronía de la luz inconstante del fuego de la chimenea del comedor, a metros del hombre que tenía su misma cara y un balazo en la frente.

sábado, 9 de junio de 2007

Alipio el escritor y su personaje catártico

No se bien como hace, pero el escritor del nombre improbable -Alipio Sinfin- se devuelve de la cama gosozo y feliz, contento porque como un vomito sin forma le va saliendo un texto, que sin meditacion de antemano, y con la tipica sudoracion tras las orejas, se larga a escribir la primera frase del texto que desde ya te digo sera inconcluso: "Carina-Mariana deja de ser quien era en el momento que se dio cuenta que de sus ojos no caia nada allí, sentada en el tren, estacion Milgero, rumbo al nordeste, primeros 3 minutos del viaje con duracion estimada 15 hs, 45 minutos" .
Se lo ve ojeroso pero feliz, lo que tiene no es solo un sonrisa de partido de futbol ganado, es un subtono en las formas de tocar las teclas y en el sonido chasqueante que producen.
A la máquina y a su escritura le pone todo su pasado;hay detras de Alipio un montón de historias que sirven de posibles comienzos, nudos y desenlaces; hay detras de Alipio Sinfin su historia desde su naciemiento en Maltecu, la crianza con los 7 hermanos y una hermana, la escuela a 10 km, el trabajo en el almacen y la espera del micro de vuelta.
Alipio sin fin dejara en su cuento-novela-ensayo-lo-que-sea todo su ser y su mirada a su pasado, con sus personajes transformados por la memoria inespecìfica.
Como todo escritor honroso su aspecto es execrable, la barba medio crecida medio recortada, y el pijama ajado por el roce entre los años y la sabana son los que lo acomplañan en esa triste ceremonia que consiste en escribir.

Se detiene.
"Recuerda entre ansiosa y resignada que la sombra que lleva puesta alguna vez fue de èl y no quiere recordar su nombre, (que suena a gran cicatriz y sangre húmeda todavía)."
Tiene hambre y no. Sigue escribiendo aún mientras el sol figura por detras su sombra sobre el cuadro de quinquela y la pared descamada de pintura. Sigue escribiendo y es como si cada tecla lo hiciera mas feliz, endereza la columna y por el momento su texto redacta:
"...-debo la vida de los cientos de peregrinos que cruzaron este puenta para que mi tren desembaracara el Oonkin. Levantar las maletas en ese puesto me resulto desalentador, pues no estaban mas livianas que antes y la vida misma no habia cambiado per se. 35 minutos mas tarde en llegar a la cede y ahora es cuando recien, previa ducha y cepillo de dientes, me dispongo a redactarlo-"
Cae por fin el mediodia
Hay en Alipio Sinfin un cambio que le sienta mal. En el texto se sabe leer "...-el almuerzo no existe en esta ciudad, la gente, llamada por ellos mismos knarin, pasea de 6 a 11 y luego duerme hasta el atardecer. La vida se vive entre la noche y la madrugada. Sin embargo en calidad de recien llegada tengo la sopa de sobre que traía y un sandwich que palaneo comer -mas por ansias que por el hambre que sin duda estaría justificado-. Hace mas de dos horas no pienso en lo que no debo pansar pero si lo estoy poniendo en este cuaderno quiere decir que en algun lado ha estado mi cabeza-"
Escribe con la mano derecha: en la izquierda sostienen un cigarrillo que debe su humo al encendedor que todavía tiene un nombre. El cigarrillo atrae por un momento la atencion, capta el aire de quienes lo miran y Alipio sin pensarlo ni fumarlo se pone peor; recuerda entre las tantas cosas un poema que sin èxito escribio a una mujer.
Alguien toca el timbre.
"voy a salir.

Sorprententemente el pueblo por cayado que parece tiene entre los knarin un aire de feria recién abierta que me sorprendió. Sin embargo no es el ruido lo que me resacata sino un eterna fila de lueces de colores que parece se extendiesen desde el infinito hacia la tienda de la esquina y de ahi al resto de los aterde-anocheceres. Yo, pero no sé si los demas, huelo en el aire pesado desde el olor a los hombres que caminan descalzos hasta el olor dulce y frito de los snaks (a los que aqui llaman firtutz). La ciudad, entera ella, esta ahora escuchando la banda que toca en el predio de la escuela."
Alipio Sinfin se ha distraido por este último suceso y le cuesta recomenzar la historia, le cae nuevamente la sonrisa que tenia apenas colgando de un hilo de baba a las orejas; tienen nuevamente un aspecto desganado y con las mismas ganas con las que se encuentra aprieta en el teclado de su computadora la letra L
"...-las etiquetas no siriven; sirven las partes de afuera: el tiempo que lleva a que una ropa se desgaste es lo que la hace mejor o peor; no tiene importancia la casa de donde viene y creo que ni la tela, puesto que la perdurabilidad de la ropa no es otra cosa que un factor enteramete intrínceco de ella misma.
Por mi parte no quiera que la regla cuente. Quiero que tenga algo que ver todo eso que no soy yo, la cascara: la familia, el hogar donde me crié, la ropa que tengo y los amigos que me llaman en mi cumpleaños. Pero una extraña sensacion me repite de vez en vez que las cosas no son como yo quiero y que el tiempo que perdure en cambiar, en gastarme y finalmete romperme contra algun arañazo de la realidad depende solamente en la pulpa de la naranja que vengo a ser yo.-"
Alipio está entre la espada y la pared, casi nos seinte los dedos, le duelen las articulaciones que cuelgan sobre las teclas, duele detras del cuello y por encima de las caderas.
No sabe salir a trotar pero la historia lo permite solo por hoy y sale con su jogging y su campera a dar una vuelta, y al cerrar la puerta se olvida del cuento-novela-lo-que-sea que estaba escribiendo pero no deja caer la imagen de Carina Mariana que lo mira desde la estacion Milgero con cara de puerta mal cerrada con sus ojos grices condecendientes y su boca que es una muralla. Y mientras piensa mas o menos claramente en Carina Mariana la ve bajando en alguna ciudad dichosa y olvidada con la remera rosa recien comprada y su vida casi nueva y de pronto la ve otra vez en un micro camino a otra ciudad otra vez con esa cara, la tez medio palida y sonrozada y sus ojos mirando a cualquier lado.
Cierra los ojos y el ruido de la ciudad con sus arboles humeados desaparecen, se mete de a poco nuevamente en la novela y piensa que escribe: ".. de que existe alguna posibilidad de no llegar a destino y que la historia cambie como siempre pasa al final de la novela pero Carina Mariana tiene sus espectativas, continúa leyendo, medio pensando en otra cosa, un libro usado de un autor local.
Entre ella y la ventana hay un par de dudas; tiene esa inconstante sonrisa típica que no nos deja caer en la seguridad de que va a hacer u buen negocio: va cambiar su vida matrimonial cíclica y repetitiva (como le gusta creerla) y se lanzará con el hombre de porte invisible de aspecto desconocido y por ende intrigante y laberintico.
Terminando al fin el capítulo 50 de su libro el tren finalmente llega a destino: Skumelc
"

Y es ahí cuando Alipio Sinfin se siente mareado porque, no sabe como, a visto el final de la historia y quiere volver para escribirla y comienza a acelerar el paso. La ve a la personaje respirando la nueva ciudad con los ojos grices humedos, con la boca seca y el corazon galopante que quiere salir y abrazar al 1er hombre que se llame Marcos. Y es ahi cuando lo ve, sus ojos desdibujan y pixelan el fondo de la pantalla y velan las fotos previas. Nada existe, el tiempo se detiene y aparece Marcos, imponente, como despegandose debajo de la sombra del anden"
Alipio Sinfin con la tipica sudoracion tras la orejas corre a rescatar su final del cuento y ver que lo que pasa en su texto será lo mismo que pasa por su mente ahora: que finalmente su personaje se abraza al cuerpo del hombre de porte anclado, temblorosa en sus miembros y en su sexo porque deja así detras su vida pasada, porque es un abrazo mas bien simbólico, sin mucho de sentimientos personales (como a Alipio le gusta creer), y el beso que viene luego destartala la conducta de Alipio. Y cuando está pensando esto último Alipio da dos o tres zancadas deformes entrando al jardin por detrás y por alguna razon que no quiere entender se le escapa una lagrima antes de caer.
Un vecino que pasa tímidamente y mira porque-si el jardin y lo encuentra al escritor en la fase temprana de una muerte lenta, tirado boca-abajo, con el nombre del personaje entre los dientes. Minutos mas tarde termina su vida en un policlínico cercano de la forma en que mueren los escritores: en coma o, lo que es peor, en un punto.

sábado, 19 de mayo de 2007

N o n s e n s e

-Lo que vos quieras yo ya lo tengo en la mano, listo para desabrochar la tuerca y tirarlo para lo primero que se nos cruce por tu cabeza.
Lo que vos quieras, soy un cuerpo que hace las formas diversas, el tìtere con sus personajes y sus personas que desde abajo miran las pantaletas coloradas.
Tus sueños (tan reales son míos, tan indemnes que) no son de nadie, no de la prensa, no de los libros rencorosos.
Vos me pensás realmente como querés verme; pero yo, mi mano que guarda tus cosas, mi cabeza que resuelve y que deshace problemas y mi cara de marioneta no somos mas que un producto de tu vulnerablisima imaginación, que en cierta forma no es mas que una consecuencia de vivir en el sinsentido de escribir lo que no voy a decirte por miedo a lo que pienses de mi y que yo me entere, poniendo así la cara larga
(y triste con forma de gota de aceite o de hoja caída), soltando (así, inconsciente) la cosa que tengo en la mano, listo que estaba yo para desabrochar la tuerca y tirarlo.-

viernes, 23 de febrero de 2007

Del hombre y de como no funciona


Entre las sabanas moviò su pierna y ya no estaba ahì.
Se sentò sobre la orilla de la cama y abriò lo ojos que no veìan. Se parò y de paso apagò el despertador que no alcanzò a sonar a las 7.30am.
Y luego la ducha y el tiempo y la noche y la repeticion.
Veo llover. La lluvia no repara en los que cae: les arruina el dia, les lava la cara, les moja los zapatos nuevos, corre el barro de un arriba a un abajo.
Y nada. nadie se queja.
Y sigue caminando, porque no le queda otra, porque la lluvia...
En la television no hay imagen ni sonido, no para el alguien que no es nadie y que no existe.
No para el que no merece respeto y ni siquiera odio.
En la casa de al lado hay ruidos y aca no. Las palabras se estrellan y se enredan y se desenredan y golpean contra la pared; pero nunca pasan al otro lado del patio.
Nunca los niños escuchan al vecino de al lado, que no sabe, o no quiere saber, usar su voz. Le sale un sonido ronco, como de espera, como de pantano y ni un mosquito.
El sol molesta en la cara que olvidò su reflejo en el ascensor.
El tipo no tiene arruga ni rencores. No existe para èl el pasado ni el lado de la vida que dejo del otro lado de la cama.
cuanto hay de cierto entonces de que en realidad existe?
existe porque hay dolor.
Todo lo que duele, existe.
Y por ese dolor que lo aqueja, que empieza en el pecho que se abre paso al brazo izquierdo, va al Dr.
Mientras camina intenta oler a la mujer que pasa a su lado. Ella no se asusta, no se fija, no-nada. y èl no la huele.
Camina
Y, sobre la receta que tiene en la mano despues de la consulta, cuelga la cara del tipo. sorprendido.
Pues no es mas que un medicamento que no existe,
para los organos que no son usados
para reparar en èl
aquella parte del hombre que no es otra cosa que fisiologia;
la fisiologia de un cuerpo en desuso