lunes, 29 de diciembre de 2008

ITE 2008


Ite dosmilocho

Ite 2008 con tus globales de febrero,

ite con las clases iniciadas tan rapidamente,

ite con las 22 materias rendibles pero inaprendibles,

ite con tus novias y ex novias

dejame los buenos recuerdos, los asados de mis lunes, las salidas bailarinas, la semana de vacasiones obligadas en los momentos de las españolas,

dejame el dia de mi cumpleaños,

dejame el dia de la primavera,

llevate el dia del amigo, llevate los dias sin los pibes,

ite con los lunes a la mañana antes de rendir,

pero dejame de estos los momentos en que los nervios te hacen reir de la nada.

ite con los romances inabarcables,

ite sin la luz

ite con el miedo

dejame los libros que todavia no leo

dejame las cosas que he aprendido

sobre la amistad

sobre el dolor

y sobre el tiempo

ite con las cosas que no pude aprender

ite con los malos momentos de mis amigos

ite con los malos momentos de mi familia

ite con mis malos momentos

ite 2008 con todo eso que no quiero volver a ver

ite masticando la bronca que te tengo

algo me parece bueno

que tal vez el 2009 no sea mejor,

pero estoy seguro que el 2008 no volverà

sin querer queriendo

eso es un paso adelante.


lunes, 15 de septiembre de 2008

La verdad de la esquina de Taboada y Morel











El sol da las sombras pequeñas. Todos los días, cuando en ello repara, Eustaquio mira el reloj en el escritorio y decide, finalmente, olvidarla.
(Olvida su presencia y su rencor, su ausencia desmedida, sus imágenes infructuosas, sus pies sin ruido, la olvida a ella, eterna y fluorescente, la olvida.)
Y todos los días reacae: como con la historia, que es cíclica, la vida se ha ensañado con recordársela en las fotos, los avisos, publicidades que le muestran la risa o los viejo gratos momentos; se escabullen los recuerdos y las memorias entre las sillas de su escaso comedor, debajo del polvo añejo de sus años extraviados, detrás del rechinar invariable de la puerta que se cierra. Y sin embargo, todas sus ganas no vencen estas apariciones: el alcohol y las drogas que consume lo rescatan solo momentáneamente para dejarlo caer de nuevo, tal vez mas profundamente, al vacío en que la despreciable Carina Mariana lo ha dejado caer.
Camina entonces por Morel buscando incredulas excusas mientras se enamora de la vida, de los avisos de cine, del olor del pralinè; de las mujeres descalzas, de aquella dama plástica que simula un maniquí en la vidriera noctámbula de la esquina Taboada.
Y sobre esta última , un día soleado de septiembre, con todo el olor de las rosas y el invierno en plena partida, decide dejarle una mirada como prestada y se va: camina despacio, pensando si esa muñeca plástica de mirada marmórea y mural repara al fin y al cabo que debajo de su gomosa belleza remeda en sus ojos a la mujer ciega que quiere verlo y no lo mira.


Piensa en ella primero como un monolito estático y sinsentimiento que solo es mera receptora de miradas escrutiñadores y luego distraídas. Pero luego, y con el pasar de los semáforos, un planteo adolescente se le viene a la cabeza: ¿ y si no; y si su vida paralela es tan real como la nuestra, y con qué situaciones pelea todos los días; el calor del trabajo la agobia, la llena de dudas el papel de su existencia en el mundo, piensa estrategias políticas, le molesta la nueva juventud, la entristece sentirse usada, portadora de banales y efímeras vestimentas, quiere salir a la calle y recorrer las galerías luminosas y la plaza verde de la cuadra que sigue, tiene pareja, existen para ellos las parejas, la antinomia de la sexualidad, la tesis de la tortura amorosa, existen los gritos enrarecidos en un ambiente contaminado de palabras mediocres, tiene sueños en insomnios, al cabo: vive; se le enredan los pelos en la cara, suda, mastica la hipocresía, escucha la música; tiene un día de cal y otro de arena, siente la manos de quien le pone la ropa, o mas importantemente de quien se la quita, ríe? y en cada esquina, en cada rechinar del 60, en todas las ofertas, nace una nueva pregunta, media hipotética, media pelotuda.
¿Porque no preguntarle?, asume Eustaquio mientras con la otra mano retira la idea por tildarla de loca, ¿porque no plantarse con un café en medio de la esquina, dejando de lado las grietas, la gente que le grita barbaridades, las baldosas mojadas, los ruidosos trenes de la estación calafate y decirle, de una vez por todas: “hey...como andas”?. ¿Y si responde? y si nos dice que ella anda medio triste mirando soslayadamente a su patrona para agregar que ya no tiene ganas de seguir haciendo lo que.

Y Eustaquio se encuentra de repente escuchando su historia desde el plomizo día en que llego a Lutré con sus miembros en cajones separados, con su ropaje imprevisto, pasando por las grandes liquidaciones de una casa de ropas que cambia cada tanto de dueño y de nombre, le relata lentamente que las cosas no son fáciles para un maniquí, que sus pelos, que sus sueños, que sus ganas se enredan todas en el material de su piel, que eso de no sentir que no le importa, nunca la hizo y no lo hará ahora, que no sabe eso del amor que tan desesperanzado le decís que existe, que no, que no fuma.
Y Eustaquio tiene la tremenda necesidad de contarle su vida pero sin embargo las anécdotas se pierden a mitad de camino pues la cara inexpresiva de la mujer de plástica silueta se pone, de repente, a llorar. Así como si nada, la muy desgraciada te tira una lagrima, ahí, cuando vos no terminas en caer en que un maniquí te habla estas recibiendo la bofetada típica de una dama. Como no, digo, y le paso un pañuelo y le toco el pelo falso que le rodea la cabeza. Y ella sin querer me sigue contando que en verdad si, que la existencia es una porquería, que venirse al mundo para morirse, mira que barbaridad, y encima esto del tráfico, que no la deja escuchar al hombre que entra a las 7. La conversación se nos va de las manos, ella, tremenda, me dice con tristeza que no habla con sus pares, que como será lo cerrado de esa sociedad, que a veces piensa que no es ella la extraña allí, que de tanto estar paradita como un espantapájaros estético…

Me cuenta con su boca entrecerrada que admira al hombre que de 10 a 11 compra flores en frente, que le extraña de paso que seres que caminan se queden tan quietitos cuando la miran sin repararla detrás del vidrio. Que por momentos ella siente que el vidrio tiene mucho mas de unos milímetros, que tiene años luz, vidas enteras, desazones, regocijos que de ninguno de los dos lados nos enteraríamos si no... si no preguntáramos.

Y ahí un silencio de barranco; no mueve los ojos, pero, si pudiera, lo haría, como pensativa, como analizando algo en lo que acaba de caer, puliendo la idea de a poco me dice: y...¿ quien sos vos?
La pregunta salió con una dudosa sinceridad, me descolocó totalmente. Quién soy yo. No, que no te engañes, no soy un cuerpo de piel tan plástica como la tuya, no visto ropas que la remplazan, ni tengo a veces la mirada extraviada, ni extraño la plaza de la cuadra siguiente, me río, vivo, creo, me muevo, creo, me enamoro y tengo nauseas del amor, del fracaso, del miedo, creo, supongo, ahora que lo pienso bien. ¿porque me preguntas esto?
No se, te vi ahí, tan etiquetado, con el pecho cerrado, con los ojos vidriosos, con tu pregunta entre las manos, así tan atacante, tan queterecontra que pensé y este tipo: sentado así como está al otro lado de la mesa
(esta mesa que sin querer esta en el bar y un poco nos mira y se rasca los rincones de formas imperceptibles, que debe pensar y enrosacarse en cosas que nosotros no sabemos o que)
Y entonces me dijo que a veces se enamora de la gente, cualquiera, del que pase: el diarero que viaja con su bici rota al norte todos los días, la mujer anciana que compra el pan por la mañana, el tipo que tiene cara de dios, cualquiera, se enamora con un poco de pena, con esa pena que nos da el ignorante, no malentiendas, no el tonto, el ignorante, el que ignora que se la pasa el tren, que se yo que tren, es una metáfora tonto, me refiero a que por ahí no reparan en el tiempo que les lleva no perder el tiempo , ya se que es algo medio metafórico, sobretodo para un maniquí, pero en todo el tiempo que tengo ahí he adquirido ese poder de observar, si, tan importante, que la gente verdaderamente no vive, como vos, que te pisaste la lengua un par de veces con las mentiras y preconceptos que querías vomitarme sobre la vida y las plazas y las noches; pero ojo, no te lo digo porque estoy "al pedo" detrás del vidrio, sino porque me parece, de ver nomás que a tu gente le falta un poco vivir lo que hace, con mayúsculas y entre comillas, ¿entendes?
No, no entendía, ya desde el comienzo, el como Maria (el maniquí se llama maria) me estaba tirando años de observaciones obscenas, vouyeristas, intrépidas y trepadoras; comentarios que querían meterse en mi oído y yo rechazaba con católico conservadurismo burbuja, y Maria tan dura y petrífica diciendo cosas inalcanzables desde otra, tal vez, realidad.
Y por eso cada vez te miraba con mas cariño Maria, con esos ojos verdes dibujados, mal dibujados, contra la esferita de plástico, con esa boca que dice mucho y no acepta este café que esta frío, con la piel suave de andasaber que material que no tiene poros de donde meter el aire ni sacar el sudor, con esas piernas tensas que tenés debajo de la falda que sale 75 pesos.

Bendigo la tarde que te deje puesta la mirada, impresa sobre los pies sin dedos y me hice la pregunta de si hablarte o no. Me gustó hacerlo, quedarme acá y que me digas que según vos esta vida la estoy desperdiciando, o que por lo menos no la estoy aprovechando. Me gusto encontrarte y que me hables como el gran amigo que nunca fui, que me reclames una palabra, que juegues con tus ojos y tu mano y el pan, que no te sorprenda lo sorprendido que estoy, por escuchar de tu boca lisa las verdades que estaba necesitando.
Esta que encontré bajo los farolitos incandescentes de la vidriera de la Taboada y Morel, esa que observa las arrugas silenciosas de las caras invívidas, Maria, la de la piel y pensamiento tensos sos aquella que sin, querer o queriendo me hizo olvidar de...
cagamos.

lunes, 4 de agosto de 2008

las pocas palabras del final

frotándose la cara con el agua ensangrentada lamentaba no haber tenido el valor de dejar sus ojos abiertos mientras le disparaba a Marcos por lo que le había hecho hace muchos cuentos: pero no sabe bien si le dolían los oídos, el dedo en el gatillo, la traición de Carina o la decisión de pegarse un tiro con una mujer dentro que le duele y le traspasa la retina todavìa.

sábado, 12 de julio de 2008

el cuerpo en desuso de julio

Julio, por alguna razón, había perdido su cuerpo.
No es que este se desplazara por la calle sin mas peso que el de su cabeza, o que pasara por transparente la piel que revestía su ser: metafóricamente hablando no tenia cuerpo; con todo lo que esto, lastimosamente, significa.
Empezó (cree él, esto es subjetivo, quizás empezó antes y es ahora cuando se da cuenta) cuando una mañana como cualquier mañana se sirvió su café rutinario con su leche rutinaria y al sostenerlo entre sus dedos no sintió ese calorcito que nos transmite el desayuno, tampoco olió el suave olor de la cafeína a 90 grados centígrados, ni su colonia nueva en la camisa, no percibía el golpeteo de la ducha sobre la espalda, ni la plenitud que le daba hacerle el desayuno a los pibes.
Fue ahí cuando, repasando viejas paginas, recuerda que el libro de Orwell que estaba leyendo no tenia esa mezcla que con su olor de vieja madera rancia le ponía al texto un backstage atractivo, que los personajes de la Metamorfosis habían perdido su odio, que la Alicia de Carrol se desvanecía entre su inocencia y sus gatos locos. Había perdido la imaginación y el humor, cosas íntimamente relacionadas con el alma del cuerpo, había sentido una vez la necesidad de sentir, de tocar, de permitir que algo lo mojara. Esto todo era mas que una simple y medicamentosa anestesia, era un proceso de putrefacción de adentro hacia afuera, una lobectomía de todos los cerebros y todos los receptores y todas las pieles que lo dejaron, como supo notar al final: sin cuerpo.
Artilugios matematicometafisicos supieron suponer mecanismos y causas y desencadenantes de lo que ahora le pasaba: Culpa a la política y su corrupción que le negaron el dinero y las ganas de hacer fila para que alguien lo viera, al gobierno que le impide la llegada a la salud, que le roba la comida, que lo educa de esta manera para no sentir nada, que lo anestesia con la TV, libros y revistas; culpa a la prensa que lo maneja como quiere que le pone distractores efímeros y banales, culpa al teatro por su ausencia, por las fichas del ajedrez a las que imita, culpa a la música estricta y estereotipada, inbailable y desgastada, culpa al alcohol y las drogas que supo consumir, a la rutina y al olvido, al trabajo sus pastillas y sus esclavos, al carnicero de léxicos gritones y clónicos; hecha la culpa a su madre ya olvidada, a su crianza en la calle Areguitos, a las patadas al fútbol mal cosido.
Remueve la mierda y recuerda que dejó de sentir en el mismísimo día en que se bajó del 10 y no encontró a Carina Mariana sentada como habían quedado 6 meses atrás: mal signo de soledad y deslealtad que ella le propiciaba de manera apacible, sin siquiera mandarle una carta o un mensajito ni nada. Ella desaparece y el empieza de a poco a morir.
Y es acá cuando todas las excusas se desarman y se revierten, y se arman y se hinchan y desgranan y pulverizan y pasan a un segundo, tal vez tercer, plano. Piensa que desde entonces no siente el olor calmo que antecede al diluvio, ni sabe a salado su sudor de mediasnoches, no revive su sexo, ni su boca pasa de los dichos, ni sus manos llegan a los hechos; recuerda con lastimosa nostalgia el tiempo que hace que no corre, que ha olvidado oler la sopa, prender la radio o masturbarse, olvidó también mojase la cara, lavarse los dientes, sentir la contracción tetànica en su cara cuando ríe demasiado.
Esto no es la muerte, piensa, es peor: una caída lenta a un orificio negro con plena conciencia y sin dolor ni últimas palabras, sin nadie que nos llore ni que lamente la pérdida, sin un luto como la gente, sin cumpleaños inolvidables ni finalmente olvidados.
Sabe que no esta muerto y esto le incomoda aún mas: el saber que la solución es inalcanzable porque no puede imaginar a Carina Mariana separada de ese hombre de facies despulidas que la recibió hace tanto en el andén y que luego le mandó una carta rubricándola como "marcos". Piensa, con la liturgia de prender un cigarrillo, que esta cometiendo tal vez los mismos errores que Reinaldo dejándola ir por donde no debía; piensa que tal vez no debería haberse metido él como el personaje de esta historia ni mucho menos dejarse describir por un tal Alipio.
La inmensidad de las letras lo aplasta y lo absorbe, lo deja desabastecido y lento como un cuento que, verdaderamente, tiene el final en el principio.

domingo, 6 de julio de 2008

el folclore que extrañare (mos)

Que cada uno se turne con el otro para ir una vez a tu casa, una
vez a la mía, una a la tuya una a la mía;
que el que viene traiga las
tortitas/galletas;
que antes de empezar preguntemos como estas y
cerciorarnos de que todos estamos de ánimo par
a empezar con esto;
que si
quedò algo del otro
día para sacarnos las dudas;
el preguntar ¿desayunaste?;
el leer el tema
y mientras tanto cebar el mate el uno al otro
alternativamente, haciendo
notar que el mate esta servido para que tu compañero
no se cuelgue y se lo
termine tomando frío;
el hecho de sacar la pedagogía o
las ganas de
buscar la información que tu compañero no entiende;
el ir
repasando
mientras el otro cocina;
darse aguante en la siesta;
reírse de
la
nada ya al anochecer, cuando has leído todo el día;
calmar y ser calmado
en algún ataque de histeria;
el recomendar mnemotecnias;
ponerse
contento cuando el otro aprueba bien el examen sin importar el tuyo.
Todo
esto, que forma parte del folclore estudiantil, lo perderemos algún día; y
yo ya
lo estoy extrañando andà-a-saber-por-qué.
Algún andinista me dijo
que: "los
amigos del llano se pierden a los 5000 metros de altura, los
amigos de los 5000
metros nunca se pierden en el llano"
.espero.

sábado, 14 de junio de 2008

sos vos (es ella)

Sos vos, inevitablemente, la que esta del otro lado del espejo; tu figura media mística media naranja se difumina y se distrae entre el fondo oscuro. Sos vos, sin duda, que me miras con culpa y resentimiento por lo que pasó, y sin embargo no puedo o no quiero correr la mirada. Me estimula el propio miedo a mirarte, eso de tener que ver la sangre correr o continuar viendo aquello que se nos prohíbe o que nos hace daño; no puedo, si quiero, correr la cara, la tengo un poco atada a mis hombros que de a poco se ceden a la gravedad y se caen, dejando desmoronado el resto del cuerpo y mi cabeza, sin embargo, acá mirándote, sintiendo como flamea tu imagen en la retina; como quiere desaparecer y no desaparece. Esto ultimo, me pregunto: ¿será porque te pasa lo mismo? ¿Será porque yo también tengo mi imagen en tu espejo, medio difusa, medio entre abierta, poco iluminada, un poco aturdida? ¿Será tu realidad tan parecida la mía, que sigamos siendo así, uno dividido en 2, quizás 3 realidades paralelas y no tanto? Y ¿que es todo esto que pienso? ¿Una metamorfosis borgeana que me lleva a recordar laberintos en los que estuve y espejos en donde hicimos alguna vez el amor?, ¿un vuelo ominoso crotazariano en los que lo que quiero, o lo que pienso, se entremezcla con la psicologia? ¿Que conclusiones matemáticas o filosóficas se saca del pleno dolor, que fórmulas mágicas adyacentes a la ciencia nos dicen como se pinta este cuadro, que anchura tiene esto incorpóreo, cómo se grafica o se escribe lo abstracto, cómo se fotografía tu cuerpo así, tan móvil y ligero que en cualquier momento desaparece, sin cometer la atrocidad de momificarlo en una imagen pictórica y finita. Me encuentro solo, sentado en la silla de mimbre media estropeada y mi cuarto que simula cualquier cuarto, imaginando que nunca te vi en este espejo, ni ahora (que realmente pareciera que si) ni nunca, antes, en los momentos que se te estaba permitido. Y se me ocurre pensar, esta vez, hacia delante, una imagen del pasado que se me vuelca diferente, como la recapitulación de lo que vivimos, cambiando, por culpa de mi imaginación algunos instantes: vos semisentada en la casa apretada contra la esquina de Morel y Ayacucho, esperando mi regreso con una cuota de misericordia y resignación, sabiendo imperceptible tu perfume que me recuerda la calma antes de la lluvia y me moja los ojos. Sin querer volvemos a los paseos en el barrio del frente, hilvanando frases y metafísicas de lo carnal y lo terrenal, tangenciando los circulos en los que estamos, escapando fervientemente del olor y la quietud, estamos tomando un simple helado sin pensar en que somos felices, sin caer en la cuenta de que el sentido de nuestros deseos comienza por su ausencia, en otras palabras: caminamos entre lo inconciente y la conciencia exagerada, somos felices sin sentirlo, sin recordar siquiera los algunos momentos errados y, erráticos como lo están en los diarios íntimos y las servilletas, los dejamos en la esquina de la plaza escritos en tiza sobre el cemento. No hay en todas estas imágenes un solo sinsentido (esos, de los que abundan en imágenes del pasado) ni una nube ni siquiera la noche que cae cuando no se la espera; las calles siempre tienen la cantidad de gente que necesitamos para caminar, los planteos acaban siempre en sentencias olvidables. Te imagino como la niña rosada y floreada que alguna vez fusite para mi, con tu vestido onduleando repicando sobre tus pasos cortos, incitando al sexo y la espera, jugando torpemente entre tus pies y la musica, y, con eso y todo no te imagino inalcanzable y eterna como siempre lo hice: detestablemente mi mente alcanzó un stop, un paraflacoestassoñandodemasiado y se me corta la película a la hora y media con la coca a medio terminar y masticando todavía el pochoclo. Una imagen que no deja de ser patética para ser frustrante. Y por todo esto aborrezco los hechos que pasaron y los que dejaron de pasar antes de que me convirtieras en un recuerdo fugaz o una imagen en el espejo, antes de que lentamente te convirtieras a piedra y roca y minerales y fisuras infinitas.
Y te extraño y no te extraño y quiero escribir bien y mal de vos, y quiero sacar la imagen que desde hace media hora se bambalea pendulante en el espejo. Y como no me supero, no encuentro la forma, la salida, de matarte de una manera que fuera diferente a convertirte en piedra, haciendo de mí la víctima que llega sin frases ingeniosas para hacerte volver; dejándome solo en este cuento con la puerta de madera y ese olor que todavía está pegado en el cuarto que ya dejaste hace tiempo.